miércoles, mayo 30, 2007

Car-nicería

George Monbiot
Necesitamos una campaña global de seguridad viaria que no esté controlada por la industria automovilística.
La responsabilidad social de las empresas privadas a veces se parece a las aventuras de El buen soldado Švejk. En 1914, durante las levas del ejército austrohúngaro, Švejk se pone su viejo uniforme y su insignia de voluntario y pide a su ama de llaves que lo lleve en carricoche a la oficina de reclutamiento. Por el camino, agita unas muletas prestadas gritando "¡A Belgrado, a Belgrado!". Los diarios elogian a la genial creación de Jaroslav Hašek por su extraordinario patriotismo.

Švejk intenta así persuadir a las autoridades de que está haciendo todo lo que puede para acudir al frente, si bien, a su pesar, su reumatismo le impedirá terminar con los sesos saltados. Del mismo modo, las empresas privadas intentan adelantarse a las reglas que se les quiere imponer aceptando ruidosamente plegarse a normativas particularmente estrictas. Así, esperan, se les permitirá participar sólo cuando y como estimen adecuado.

Esto no funcionó para Švejk. Su patriotismo se vio recompensado con enemas y vomitivos, hasta que su reuma sanó milagrosamente. Las empresas privadas, por el contrario, parecen siempre saber persuadir a las autoridades de su compromiso inquebrantable con las causas que defienden, lo cual garantiza que podrán entrar en liza con sus propias condiciones. Y esta es la actitud que parece estar determinando la marcha de las campañas globales de seguridad viaria.

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